vivir en familia por un mejor desarrollo de la familia


 
El ciclo vital familiar
por Salvador Cervera Enguix, Psiquiatra - 25.06.2005

La vida familiar es el componente básico de las relaciones humanas, ya que entre sus miembros se intercambian de una u otra forma modos de relación, de tal manera que existe un "continuum" entre los procesos intrapsíquicos individuales, el sistema familiar en el que se vive y el sistema social y cultural al que se pertenece. Por tanto, para el buen funcionamiento del sistema familiar se debe establecer un acoplamiento entre las necesidades individuales y las necesidades de relación de todos sus miembros. Si analizamos de forma sintética cuales son las aportaciones que cada uno de los componentes del sistema familiar a lo largo de su biografía podemos señalar lo siguiente: 1. Los cónyuges se ofrecen uno al otro grados de unión emocional y social e intimidad amorosa; 2. Como padres proporcionan a los hijos remedio a sus necesidades básicas, soporte, apoyo y orientación a sus aspiraciones presentes y futuras de los hijos; y 3. Los hijos aprenden a compartir, confiar, negociar los recursos y desarrollar habilidades sociales.

Por todo ello, la familia no debe ser considerada como una unidad inflexible y rígida, sino más bien se la debe admitir como una unidad dinámica, en constante cambio y adaptación. Y es en esa perspectiva donde encuentra cabida el concepto de ciclo vital familiar (CUF), entendiendo como tal los acontecimientos vitales esperados por los que pasan la mayoría de las familias en una secuencia bastante predecible, aunque variable. El ciclo vital familiar es un instrumento conceptual para comprender como se está desarrollando la familia, mas que un esquema de clasificación empírica con finalidad investigadora. Las transiciones de un periodo de la vida familiar a otro periodo rara vez están bien delimitadas y pueden estar presentes durante años compartiendo a veces las características de uno con algunas del siguiente o el anterior.

Los periodos del ciclo vital tienden a fusionarse uno con otro y a menudo comparten las modificaciones de las mismas cuestiones y retos. Apenas existen periodos con secuencias fijas tan frecuentes como en la mayor parte de los modelos de los periodos del desarrollo individual.

MODELOS DEL CICLO VITAL FAMILIAR.

Se han descrito varios modelos de ciclo vital familiar. Uno de los primeros fue el establecido por Duvall (1977) que dividió el ciclo en ocho periodos que describían los eventos claves de una familia. R. Hill destacó la conexión intergeneracional del ciclo vital de , por lo menos, tres generaciones. Y Solomon (1973) fue uno de los primeros clínicos en utilizar la perspectiva del ciclo vital familiar. Propuso un modelo de cinco periodos para ser utilizados como una base para decidir el tipo de cambios que eran necesarios efectuar en terapia familiar. Haley (1980) popularizó el uso del ciclo vital familiar en terapia familiar al señalar que los grandes cambios que se dan durante el desarrollo de las familias pueden conducir a incrementar el estrés y, de ahí, a una mayor facilidad de aparición de síntomas en una familia. Estos síntomas eran vistos como una señal de que la familia esta "estancada" y tenía dificultades para asumir la siguiente etapa del desarrollo.

Un problema metodológico en el estudio del ciclo vital familiar es que no se ha llegado todavía a un acuerdo sobre las etapas que deben reconocerse, oscilando el número entre cuatro y veinticuatro etapas. La versión mas comúnmente utilizada por ser el modelo más comprensible y clínicamente demostrado es el desarrollado por Carter y McGoldrick (1980, 1988) . Estos autores dividieron el ciclo vital familiar en seis etapas: (a) "independencia" de adulto joven sin compromiso, (b) fundación de la familia a través del matrimonio, (c) familia con niños pequeños, (d) familias con adolescentes, (e) "independencia" de los hijos y (f) familia al final de la vida. Estos autores consideran la unidad familiar como "un subsistema emocional en el que cobra importancia la naturaleza multigeneracional, respondiendo al pasado, al presente y a las relaciones futuras". Hay que tener en cuenta, por ejemplo, que los padres en un núcleo familiar determinado, también son hijos de la generación previa, con lo que en un mismo periodo de tiempo, se sitúan en diferentes etapas del ciclo vital según la familia que se considere. La familia no está aislada en el tiempo. Lo que ha realizado en el pasado afecta al presente y al futuro.

Las etapas del ciclo vital familiar se han recomendado como un enfoque para conocer los rasgos característicos o tipologías de las familias, considerándose los puntos de transición entre las distintas épocas como crisis potenciales, seguidas de un estancamiento del desarrollo o, por el contrario, un nuevo movimiento. Debido a la elevada frecuencia actual de divorcios o separaciones y nuevas nupcias, a menudo es necesario modificar el esquema del ciclo vital familiar para poder abordar los casos de familias constituidas por uno solo de los padres y con padres o madres adoptivas. Los problemas que acarrean estas nuevas situaciones y otras como crianza de los niños a cargo de los abuelos, etc., deben incluirse en un esquema amplio para clasificar las etapas del ciclo vital familiar. Otro problema sumamente importante es la variabilidad del ciclo vital familiar relacionada con diferencias culturales, así como también el efecto de la migración y la transición cultural en las familias.

Para una comprensión de lo que acontece, que como se puede entender abarca un número amplio de años, los autores lo han dividido en fases y en cada fase varias etapas. Entendiendo por fase, cada uno de los diversos aspectos que presenta un fenómeno, y por etapa, una época o avance en el desarrollo de una acción. No se trata de crear una normativa ajustada para la familia, porque al fin y al cabo cada familia es diferente y dispone de una amplia gama de posibilidades para su desarrollo. Por otro lado, igualmente importante es señalar que no se quiere trasmitir la idea de que hay un camino "correcto" en ese desarrollo y que su manera de discurrir a lo largo del ciclo vital resulta problemático si se desvía de normas culturales rígidas.

No obstante, si nos situamos en una perspectiva amplia, encontramos patrones generales de cambios que resultan ser universales para todas las familias. Todas las familias deben organizarse para hacer frente a la llegada (nacimientos) o salida de sus miembros. Las personas se casan, tienen hijos que crecen en el seno de la familia y posteriormente la abandonan para crear sus propias familias. Es decir, hay un ritmo natural en todo este proceso, que comienza con un emparejamiento o decisión de unirse y formar una familia. A continuación hay un periodo de expansión donde la familia crece en número, responsabilidad y sus fronteras con el mundo exterior también se amplían. Finalmente, se produce una fase de contracción en la que la familia disminuye en número de miembros, en cometidos y sus límites también se reducen. Pero si bien la unidad familiar se ha reducido notablemente, proyecta a sus descendientes en nuevas uniones y comienza el proceso nuevamente.

FASES DEL CRECIMIENTO FAMILIAR

Se han descrito tres diferentes fases sobre como crece la vida familiar: emparejamiento, expansión y contracción.
En la primera, denominada fase de emparejamiento o de relación, partimos de unas personas adultos jóvenes, que tras finalizar su formación de estudiante, acaban de iniciarse en un primer empleo. Generalmente, salvo el compromiso laboral, no existen otros con los que afrontar su existencia. Durante ese tiempo, se van separando cada vez mas de la familia de origen y aprenden a mantenerse por si mismos en el trabajo y en las relaciones sociales. Es en ese momento cuando surge la posibilidad de buscar una pareja que se adecue al ideal de persona con la que uno quiere compartir el resto de sus días. Una vez encontrada se formalizará la relación con la duda de si existirá o no una adecuación relacional que determinará el éxito o el fracaso de esa pareja.

Esto genera para ambos un compromiso y tendrán que pasar de una situación de dependencia o independencia a otra de interdependencia. Asimismo, será preciso establecer unos límites en la relación y aprender a consensuar las necesidades personales con las de la pareja. Pero además, se establecerá también, una relación personal con las familias de origen, lo que en no pocas ocasiones genera ciertas dificultades, ya que el compromiso matrimonial es también la fusión de dos ramas familiares y posiblemente en esta nueva unión se querrán perpetuar muchos de los patrones y tradiciones familiares de ambos cónyuges.

Una vez formalizada la familia (Tabla 1), hay dos peligros que se derivan, en primer lugar, de la excesiva dependencia de uno de los miembros de la familia recién creada respecto a los miembros de su familia de origen, y, en segundo lugar, de la reacción negativa de algunos de ellos con la familia de origen del otro.

Tabla 1: FASE DE RELACIÓN Y COMPROMISO

Fase de emparejamiento

  • búsqueda de la pareja
  • formalización de la relación
  • adecuación relacional
  • adecuación de límites
  • relación entre las familias
  • Peligros: dependencia de la familia de origen
    reacción negativa frente a la otra familia

La segunda fase, fase de expansión, se inicia con el nacimiento del primer hijo, al que pueden seguir otros. La aparición de nuevos miembros en la familia precisa de los padres un número mayor de reajustes. Con un elevado número de responsabilidades en los cuidados a otorgar y poco soporte social, probablemente, nos encontremos en la fase de adaptación más difícil que sufre la pareja, de tal forma que uno o ambos padres deben hacer frente con decisión a los cambios necesarios para lograr una familia que progrese.

Inicialmente, se crea una sólida frontera familiar. Los padres ejercen una función protectora de sus hijos y determinan cuidadosamente los contactos con el mundo externo a la familia. En la medida que la expansión continúa, los hijos comienzan a incrementar cada vez más su participación social. Acuden a la escuela y comienzan a trabar amistad con otros niños. Los padres se relacionan con el centro escolar y con otros niños y sus padres. Consecuentemente, las fronteras familiares se hacen más amplias y más permeables, con menor control de los padres sobre la naturaleza de estas interacciones.

El reto en este momento consistirá en equilibrar la práctica habitual para el adecuado funcionamiento familiar con la autonomía, confianza e independencia que reclaman los hijos a esas edades, sin perder la relación de intimidad arraigada en la pareja (Tabla 2). Y el peligro que se deriva de esta fase es incurrir en la sobreprotección y excesivo control de los hijos, que provoque un sentimiento de desconfianza e inseguridad e impida el proceso natural de desarrollo y crecimiento.

Tabla 2: FASE DE EXPANSIÓN

2. Fase de expansión

  • nacimiento del primer hijo
  • permeabilidad de agentes externos
  • autonomía, confianza e independencia de los hijos
  • mantenimiento de la intimidad conyugal
  • Peligros: sobreprotección y control de los hijos
    descuido de la relación íntima y del amor conyugal

La tercera y última fase a la que llegan la mayoría de las parejas, es la fase de contracción. Tras la incursión cada vez mayor de los hijos en el mundo social, los padres no pueden seguir apoyando. Este hecho coincide necesariamente con la adolescencia. En este punto, los hijos están a mitad de camino entre la familia y el mundo externo. Cuando el último de los hijos entra en este periodo, la familia comienza a contraerse.

Se hace necesario una frontera familiar más permeable que permita mayor libertad de movimiento para los hijos, entre la familia y el mundo exterior. La adolescencia es el momento idóneo para que los hijos se organicen para salir del medio familiar. Y al mismo tiempo, los padres deben prepararse para la época del reencuentro entre ellos, sin hijos que limiten la comunicación y el entendimiento de la convivencia diaria. Este será el reto principal previo a esta fase. El siguiente será refundar una nueva vida de pareja, con el consiguiente redescubrimiento del otro. Finalmente, en esta fase es preciso estar atento a las necesidades y apoyos que puedan requerir los hijos y sus familias, exigiéndoles en ocasiones responsabilidades de sus actos (Tabla 3).

Tabla 3: FASE DE CONTRACCIÓN

2. Fase de contracción

  • reencuentro del matrimonio sin hijos
  • refundar la relación conyugal
  • redescubrimiento del otro
  • atender las necesidades de los hijos
  • exigencia de responsabilidad a los hijos
  • Peligros: síndrome del nido vacío
    actividades no compartidas

Este nuevo encuentro "cara a cara" puede evolucionar según uno de estos dos caminos: a) en sentido negativo, el "nido vacío" y b) el de los "años dorados", que junto a la contracción de su mundo de relación, puedan ser capaces de atender ambos a sus necesidades individuales y a las necesidades de pareja. Aunque también puede ocurrir que ambos cónyuges establezcan entre ellos actividades no compartidas.

Cuando los hijos salen del hogar y crean sus propias familias, generalmente nunca se desprenden de la órbita de sus familias de origen. Es más, en la medida que sus responsabilidades familiares decrecen, frecuentemente incrementan las relaciones con los padres ya ancianos.

ETAPAS DEL CICLO VITAL FAMILIAR.

Carter y McGoldrick (1988) han diseñado los cambios específicos o etapas que tienen lugar en el Ciclo Vital Familiar, considerando para las tres fases, seis grandes etapas: adulto joven sin compromiso; fundación de la familia; familia con niños pequeños; familia con adolescentes; independencia de los hijos; y familia al final de la vida. En cada una de estas etapas se formulan los retos y expectativas que acontecen para cada persona en el campos práctico, emocional y relacional, señalando, además, algunos de los peligros potenciales de las diferentes etapas, como consecuencia del incumplimiento de los requerimientos previstos (Tabla 4).

Tabla 4: Fases, etapas y crisis del ciclo vital familiar

1. Adulto joven sin compromiso.

Esta primera etapa marca el comienzo de la fase de emparejamiento o de relación y se inicia a partir de la finalización de los estudios y la obtención del primer empleo. En esta etapa a nivel práctico el reto consistirá en alcanzar un cierto nivel de independencia económica y la capacidad de poder vivir por si mismo. La amplitud de la independencia esperada ha variado ampliamente desde el punto de vista histórico y según el género. En el pasado, los hombres se esperaba de ellos que tuvieran más autonomía económica que las mujeres. Hasta la segunda mitad del siglo pasado, generalmente hombres y mujeres vivían en sus familias hasta el momento de casarse. Más recientemente, ambos sexos durante esta etapa son capaces de asumir el propio sustento y a menudo establecen su domicilio separado de sus familias.

El reto emocional de esta etapa se basa en la adquisición del rol de adulto, con un adecuado desarrollo de la propia autoestima, una recta formación de la propia identidad, auto-percepción de su realidad y un reconocimiento de uno mismo frente a la sociedad en la que vive. La diferenciación de su familia de origen con el mantenimiento de una conexión afectiva con sus miembros, y con los demás, serán los retos a alcanzar desde el punto de vista relacional. Las potenciales crisis de esta etapa aparecerán por la falta de madurez personal y en la relación con los demás, la continuidad de la dependencia con la familia de origen y la falta de seguridad y expresividad propias.

2. Fundación de la familia.

El reto práctico con el que se encuentran las personas al empezar esta etapa es el descubrimiento de una pareja con la que se pretende establecer una relación duradera. Para ello, tiene que crearse entre ellos un compromiso firme, y una búsqueda de lealtades y compatibilidades. En este momento, se intentará establecer una jerarquía de proyectos, necesidades e intereses que deberán armonizarse entre la pareja, como es el hecho de la vivienda, la aportación económica que ambos aportarán, la actitud frente al nacimiento de los hijos, las relaciones con las familias de origen, la distribución del tiempo de ocio, etc.

Desde el punto de vista emocional el reto irá encaminado a conseguir un alto grado de compromiso y un ajuste de intereses, necesidades y demandas hacia el otro. Hay que tener en cuenta que generalmente las expectativas y esperanzas de la relación en este momento son elevadas, y deberán ajustarse, de la mejor manera posible, a la realidad de cada uno de los contrayentes. Inevitablemente, las diferencias llegarán a ser patentes, y la decepción que cada miembro de la pareja va observando en algunos temas respecto al otro emerge. Se hace entonces necesario el establecimiento de un acuerdo mutuo que satisfaga a ambos, aunque sea de una forma relativa.

Como aspectos a considerar desde el punto de vista relacional, nos encontramos con que la pareja deberá mantener una adecuada relación afectiva con las familias de origen y, es de crucial importancia desde el inicio, crear unos "límites" en la unidad familiar propia con respecto a la familia de origen.

Los problemas en esta etapa pueden venir derivados por la falta de encuentro de una pareja adecuada, bien por demandas excesivas, bien por diferencias claras entre ellos, no siendo acordes a los intereses del sujeto. También puede ocurrir uno de los miembros de la relación, o ambos, no asuman el compromiso preciso y necesario para emprender una unión conyugal efectiva, estable y duradera. También pueden surgir dificultades si no se asumen las demandas y necesidades del otro, así como los proyectos comunes previamente esbozados. Finalmente, los conflictos con los familiares de origen pueden aparecer en esta etapa si su relación no se sustenta en un mantenimiento de la independencia como unidad familiar propia.

3. Familia con niños pequeños.

La fase de expansión comienza oficialmente cuando nace el primer niño en la familia o es adoptado. Es quizás esta una de las etapas más difíciles de sobrellevar, aunque también es de las más gratificantes. Su dificultad estriba en que la venida de los hijos supone una readaptación del estilo de vida que la pareja había llevado hasta ese momento.

El reto práctico de la familia debe ir dirigido a aportar el mayor bienestar posible a la familia y a sus miembros, procurando mejorar la capacidad financiera y organizativa de la familia. El gasto y el esfuerzo a menudo son infravalorados, y los padres que no están suficientemente preparados para llevar adelante los sacrificios económicos necesarios, así como los cuidados que se precisan, a menudo se sienten sobrecargados. Los cónyuges deberán sobrellevar los esfuerzos y los sacrificios que los hijos demandan, siendo imprescindible el buen entendimiento entre los padres.

Desde un punto de vista emocional, el reto se centra en la aceptación de los nuevos miembros de la familia con un incremento de la permeabilidad de esta, y la aportación de una adecuada formación escolar, cultural y espiritual, con el propósito de hacer de los hijos personas responsables y adultos competente en la sociedad. Sin embargo, cuando un matrimonio -antes de la llegada de los hijos- ha empleado mucho de su tiempo en cuestiones propias, súbitamente puede verse abrumado por las demandas de una criatura totalmente dependiente. La crianza de los hijos requiere una tremenda capacidad de donación por parte de los padres, es decir, una disposición tanto interna como externa a supeditar las propias necesidades a las necesidades del ser que depende de ellos.

Afortunadamente, los vínculos de amor y cariño hacen esta cuestión relativamente fácil de llevar para la mayoría de los padres, si bien juzgando por la presencia bastante elevada de abusos e incumplimientos, el estrés producido por este auto-sacrificio puede resultar a veces demasiado para algunos. Pero en la medida que los hijos van ganando progresivamente en responsabilidad, esta tarea llega a ser especialmente gratificante.

Los retos relacionales de esta etapa irán dirigidos al mantenimiento de la relación conyugal en medio de las demandas de paternidad, trabajo y multitud de otras ocupaciones externas. Con tantas responsabilidades, las necesidades individuales y las necesidades de pareja, en particular, pueden quedar ignoradas, con lo que la relación de pareja se resiente. Por otro lado, en esta etapa de expansión conviene integran en la familia a los miembros de la familia de origen. Los padres jóvenes pueden esperar orientaciones de sus propios padres respecto a la crianza de los hijos, con lo que su inexperiencia inicial puede sobrellevarse mejor cuando los abuelos están implicados en estas tareas.

Los problemas podrán aparecer por insatisfacción de alguno de los miembros de la pareja, en función de la vida que le toca vivir o cómo esta se desarrolla; y por los conflictos que se deriven del funcionamiento de los hijos en su ámbito educacional y de relación.

4. Familia con adolescentes.

La familia con adolescentes incluye a la vez el final de la fase de expansión y el comienzo de la fase de contracción del ciclo vital familiar. Como se señala en la Tabla 4, la transición entre expansión y contracción habitualmente ocurre a la mitad de esta etapa. Rara vez se da de forma brusca, con un cambio radical; lo más probable, a veces cuando el último hijo ha iniciado la adolescencia, es una transición gradual de una familia cuyas fronteras han expandido a una cuyos límites se está replegando.

El reto práctico para esta etapa es que los padres aprendan a combinar las necesidades propias del adolescente, con deseos de libertad, independencia y autoafirmación de su propio yo, con la obediencia precisa para el adecuado funcionamiento de la dinámica familiar. Es muy importante saber mantener una "rutina" diaria y saber adaptarse a la improvisación que surja en cualquier momento o situación. Los adolescentes con gran necesidad de independencia y deseo de explora el mundo externo a la familia puede resultar muy perjudicial para la vida familiar. Frecuentemente, los adolescentes prefieren disfrutar de su propio mundo o el de sus amigos que atender a las tareas familiares. La rutina familiar está constantemente cambiando en esta etapa.

El reto emocional durante esta etapa consiste en permanecer flexibles durante un periodo de intensos cambios. Los padres habitualmente no pueden ayudar con la sensación de haber perdido su autoridad y como el mundo del adolescente está en expansión la influencia de los padres es muy reducida. Pero, no obstante, deben encontrar el adecuado equilibrio entre la esperanza de una participación familiar del adolescente, un comportamiento responsable y el poder de individualidad que proporciona realizar las cosas independientemente mientras se aprende de los errores.

En cuanto a los retos relacionales se hace imprescindible el mantenimiento de un significativo contacto comunicativo entre padres y adolescentes pese a los rápidos cambios que acontezcan y las diferentes situaciones emocionales. Los padres pueden tomar a mal que el adolescente se despegue emocionalmente de la familia y temen que se rompan los lazos de unión con ellos. Otras veces, son los adolescentes los que reclaman de sus padres menos ingerencia en el control de sus vidas, despreciando las orientaciones de los padres, porque pueden ser vistas como irrelevantes. Se debe procurar que el adolescente pueda expresar y desarrollar su afán de autoafirmación sin verse limitado por los consejos paternos, a la vez que los cónyuges puedan expresar claramente sus puntos de vista.

Todos estos factores producen una amalgama de sentimientos confusos durante este periodo de la vida familiar, que en ocasiones se complica aun más, porque los padres pueden ser necesarios también en una serie de responsabilidades con sus propios padres, de tal forma que aquellos en su posición responsable frente a ambos se perciben como emparedados entre dos situaciones: padres ancianos menesterosos de ayuda y adolescentes en busca de su independencia.

Las crisis en el seno familiar pueden estar relacionadas por la rebelión del adolescente y la falta de flexibilidad, adaptabilidad y comprensión de los padres ante una etapa importante de cambio y madurez de los hasta ahora niños, y por las discrepancias de los padres en las decisiones asumidas para los hijos y para la unión conyugal.

5. Independencia de los hijos.

Esta etapa coincide con el comienzo de la fase de contracción de las familias. La familia se reduce de tamaño en la medida que los hijos van abandonando poco a poco el
hogar y crean su propia forma de vida y su propia familia. Con la prolongación de los años de vida, la duración de esta etapa, desde la salida del primer hijo hasta los últimos, se ha incrementado extraordinariamente en los últimos años.
Como reto práctico se precisa una nueva organización y utilización de los recursos que se disponen. A1 comienzo de esta etapa de independencia, los padres pueden estar preocupados desde el punto de vista financiero a la hora de proveer a sus hijos de un buen comienzo desde el punto de vista económico, que les ayude a ser auto­suficiente en el plazo mas breve posible. Para ello es frecuente que les provean del soporte económico necesario para que finalicen los estudios o completen su preparación profesional. Afortunadamente, para muchos padres esta situación acontece durante el apogeo de su capacidad ganancial. No obstante, posterior a la independencia, los padres pueden encontrarse en una posición imprevista. Por primera vez en años, disponen de recursos económicos para gastar en ellos mismos, con lo que se hace factible emprender nuevas actividades o realizar algunos proyectos ilusionantes para ambos.

Los retos emocionales deberán ir encaminados hacia una adaptación de la vida familiar ante la nueva situación. Los cambios deberán ser graduales y con la aceptación de la nueva realidad sin hijos en el hogar familiar. Aunque no se espere, ni se desee, es preciso estar preparado para recibir los infortunios que la vida proporciona, como el fracaso sentimental de un hijo, el cuidado de un familiar anciano, el fallecimiento de un ser querido o del propio cónyuge, etc.. Y ante este ir y venir de acontecimientos, los padres deben tratar de mantener una atmósfera equilibrada y comprensiva.

En cuanto a los retos relacionales, el redescubrimiento del matrimonio original será la base en la que se sustentará de una forma adecuada la última etapa de la vida conyugal. Para algunos matrimonios tras muchos años de desatender parcialmente su relación, disponen de la oportunidad de reencontrase el uno al otro. Otras veces, aquellos matrimonios que han permanecido desde el principio muy unidos a causa de los hijos, pueden encontrar ahora la vida matrimonial sin hijos mucho mas dificil. En cualquier caso, deberán replantearse lo fundamental de su relación.

Los problemas en esta etapa pueden surgir por el tan temido sentimiento del "nido vacío", por el regreso de los hijos al hogar familiar y por el cuidado y el fallecimiento de los familiares de origen con el consiguiente desequilibrio afectivo que se puede generar. En no pocas ocasiones, el final de la educación de los hijos coincide con el cuidado de un progenitor. Este hecho deberá también ser entendido por el cónyuge, y no obstante, no olvidar la entidad propia del núcleo familiar durante tanto tiempo y con tanto esfuerzo construido.

5. La familia al final de la vida.

Es la última etapa del ciclo vital familiar. Es una etapa de madurez y recogimiento de la pareja.

El reto práctico consistirá en afrontar, adaptarse y aceptar las incertidumbres propias de la edad. Será importante mantener una seguridad económica que permita hacer frente a las dificultades que surjan, procurar mantenerse en buen estado de salud y recibir los cuidados médicos precisos.

Emocionalmente será decisiva la adaptación a las pérdidas familiares y al propio declinar físico, dejando que los hijos sean ahora los que cuiden de los padres.

En los retos relacionales hay que tener en cuenta que ahora es una época de reconciliaciones y de mantener una compacta red de apoyo entre los familiares cercanos y las amistades cultivadas durante la vida. Indudablemente, la relación con los hijos y con los nietos deberá progresar, ya que aún en esta etapa los padres pueden aportar el parecer y la indicación producto de una dilatada experiencia.

Las crisis de esta etapa surgirán por la inadaptación a la jubilación, la presencia de enfermedades y la defunción. También por el mantenimiento de las posibles desavenencias del pasado con los hijos y/o familiares políticos.

 


Volver