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"He recorrido durante años el camino del grano de trigo"
Javier Calvo - 15.02.2007

“He recorrido durante años el camino del grano de trigo”

“He recorrido durante años el camino del grano de trigo”

 

 

 

            Este empresario nació en Caudete el 5 de diciembre de 1924. Su madre, Rosario Sánchez Díaz, murió cuando el tenía siete años y se fue a vivir con su tía Vicente y su tío Antonio. Su única hermana, Pilar, se quedó con su padre. Desde los siete a los dieciséis años, estuvo trabajando en la tienda de ferretería de su tío Antonio.

 

            Cuando tenía dieciséis años, murió su padre Francisco Sivó Sánchez, de quien heredó la profesión de cerrajero, y entonces se fue a vivir con su hermana Pilar Sivó Sánchez y su cuñado Pepe hasta que se casó a los veintiséis años con su querida mujer Manuela Medina Carrión, el 13 de noviembre de 1950. Con ella tendría nueve hijos que son su orgullo y motivo de fortaleza. Precisamente ellos han querido definir y homenajear a su padre con las siguientes palabras: “Nuestro padre en su vida ha recorrido el camino del grano de trigo. Camino trenzado de lucha, austeridad, esfuerzo, fortaleza, paciencia, responsabilidad, tesón y mucho trabajo. Ha sido grande ver a un hombre como nuestro padre crecerse ante las dificultades, donde insistiendo con tenacidad a pesar de todo se fue haciendo una persona fuerte, rocosa, recia, igual que una fortaleza amurallada. Ha sabido sacar pequeñas lecciones al filo de los acontecimientos de la vida ordinaria. Vida hecha a base de orden, constancia, voluntad, ilusión y mucho entusiasmo. Siempre fue buscando lo mejor aunque le costara. Ha sido un hombre que ha abierto bien los ojos y ha ido adquiriendo ese saber acumulado que constituye la experiencia de la vida. Conocimiento subterráneo que ha operado en su actuar, porque la vida ha sido su gran maestra, le ha enseñado más que muchos libros. Como aprendió a negarse ante lo inmediato, buscando lo que está por llegar, consiguió lo que se propuso con la gran ayuda de su gran mujer, nuestra querida madre, Manuela Medina Carrión, que también ha recorrido con él el camino del grano de trigo”.

 

            La trayectoria profesional de José Sivó comenzó “cuando murió mi padre a los dieciséis años, le vendimos la maquinaria del taller de mi padre al Rojico y le alquilamos el local, y yo me puse a trabajar con él, en el oficio de cerrajero”.

 

            Fue a los veintitrés años cuando se estableció con 32500 pesetas, que le prestaron varios familiares.

 

            El trabajo en aquellos años era muy distinto al que realizan hoy sus hijos al frente de la empresa, así José recuerda, con una estupenda y lucida memoria a pesar de los dos infartos cerebrales sufridos que “lo primero que hacía cuando me levantaba era, encender la fragua, entonces era mucho el trabajo que había de cerrajería. La fragua era la herramienta más importante de la que disponía cuando empecé, luego cuando pude, compré la máquina de soldar eléctrica. La fragua y el yunque eran unas herramientas imprescindibles, se hacía todo a base de esfuerzo físico”. Sobre los métodos de trabajo actuales el señor Sivó recuerda que “ahora tenemos por ejemplo, centros de mecanizado o tornos de control numérico que funcionan con programas de ordenador que ya maneja mi nieto José Sivó Romero”. Esta incorporación de la empresa supone el acceso de la cuarta generación al negocio familiar.

 

            Fueron años muy duros en los que no había una jornada de trabajo delimitada. Así explicó que “estuve diez años trabajando dieciséis horas todos los días. Me levantaba a las seis de la mañana, comía a las dos y desde las tres de la tarde hasta las once y a veces hasta las doce de la noche, incluidos los sábados”.

 

            Con esas jornadas no resultaba sencillo compaginar la vida profesional con la familiar. Para hacerlo posible es fundamental el papel que jugó su esposa, Manuela Medina Carrión. “Manuela me llamaba: “Sivó, la comida está en la mesa”, comía y seguía trabajando hasta que  me llamaba para la cena, cenaba y seguía trabajando. Mi mujer, bajaba conmigo después de fregar para hacerme compañía y mientras remendaba, luego ella se subía y yo seguía hasta que daba cabezazos y veía que me podía caer encima del torno y que este me cogiera, aguantaba hasta el último momento, pues tenía que cumplir con todos los compromisos”. José Sivó sacó adelante su empresa sin más ayuda que la de sus manos y las agotadoras jornadas de trabajo ya que no recibía ayuda o subvención alguna. Hasta hace apenas dos años José bajaba caminando los casi cuatro kilómetros que separan su domicilio del taller. Hoy sigue pasándose por allí con la ayuda de sus hijos que veneran a su padre que no ha conocido más que sacrificios.

 

 

 

Javier Calvo. Economía y Empresas CLM.

 Semanario de Información Económica

 29-01-2007.


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