“He recorrido
durante años el camino del grano de trigo”
Este
empresario nació en Caudete el 5 de diciembre de 1924. Su madre, Rosario
Sánchez Díaz, murió cuando el tenía siete años y se fue a vivir con su tía
Vicente y su tío Antonio. Su única hermana, Pilar, se quedó con su padre. Desde
los siete a los dieciséis años, estuvo trabajando en la tienda de ferretería de su tío
Antonio.
Cuando
tenía dieciséis años, murió su padre Francisco Sivó Sánchez, de quien heredó la
profesión de cerrajero, y entonces se fue a vivir con su hermana Pilar Sivó
Sánchez y su cuñado Pepe hasta que se casó a los veintiséis años con su querida
mujer Manuela Medina Carrión, el 13 de noviembre de 1950. Con ella tendría
nueve hijos que son su orgullo y motivo de fortaleza. Precisamente ellos han
querido definir y homenajear a su padre con las siguientes palabras: “Nuestro
padre en su vida ha recorrido el camino del grano de trigo. Camino trenzado de
lucha, austeridad, esfuerzo, fortaleza, paciencia, responsabilidad, tesón y mucho
trabajo. Ha sido grande ver a un hombre como nuestro padre crecerse ante las
dificultades, donde insistiendo con tenacidad a pesar de todo se fue haciendo
una persona fuerte, rocosa, recia, igual que una fortaleza amurallada. Ha
sabido sacar pequeñas lecciones al filo de los acontecimientos de la vida
ordinaria. Vida hecha a base de orden, constancia, voluntad, ilusión y mucho
entusiasmo. Siempre fue buscando lo mejor aunque le costara. Ha sido un hombre
que ha abierto bien los ojos y ha ido adquiriendo ese saber acumulado que
constituye la experiencia de la vida. Conocimiento subterráneo que ha operado en
su actuar, porque la vida ha sido su gran maestra, le ha enseñado más que
muchos libros. Como aprendió a negarse ante lo inmediato, buscando lo que está
por llegar, consiguió lo que se propuso con la gran ayuda de su gran mujer,
nuestra querida madre, Manuela Medina Carrión, que también ha recorrido con él
el camino del grano de trigo”.
La
trayectoria profesional de José Sivó comenzó “cuando murió mi padre a los
dieciséis años, le vendimos la maquinaria del taller de mi padre al Rojico y
le alquilamos el local, y yo me puse a trabajar con él, en el oficio de
cerrajero”.
Fue
a los veintitrés años cuando se estableció con 32500 pesetas, que le prestaron varios
familiares.
El
trabajo en aquellos años era muy distinto al que realizan hoy sus hijos al
frente de la empresa, así José recuerda, con una estupenda y lucida memoria a
pesar de los dos infartos cerebrales sufridos que “lo primero que hacía cuando me
levantaba era, encender la fragua, entonces era mucho el trabajo que había de
cerrajería. La fragua era la herramienta más importante de la que disponía
cuando empecé, luego cuando pude, compré la máquina de soldar eléctrica. La
fragua y el yunque eran unas herramientas imprescindibles, se hacía todo a base
de esfuerzo físico”. Sobre los métodos de trabajo actuales el señor Sivó
recuerda que “ahora tenemos por ejemplo, centros de mecanizado o tornos de
control numérico que funcionan con programas de ordenador que ya maneja mi
nieto José Sivó Romero”. Esta incorporación de la empresa supone el acceso de
la cuarta generación al negocio familiar.
Fueron
años muy duros en los que no había una jornada de trabajo delimitada. Así
explicó que “estuve diez años trabajando dieciséis horas todos los días. Me
levantaba a las seis de la mañana, comía a las dos y desde las tres de la tarde
hasta las once y a veces hasta las doce de la noche, incluidos los sábados”.
Con
esas jornadas no resultaba sencillo compaginar la vida profesional con la familiar. Para
hacerlo posible es
fundamental el papel que jugó su esposa, Manuela Medina
Carrión. “Manuela me llamaba: “Sivó, la comida está en la mesa”, comía y seguía
trabajando hasta que me llamaba para la
cena, cenaba y seguía trabajando. Mi mujer, bajaba conmigo después de fregar
para hacerme compañía y mientras remendaba, luego ella se subía y yo seguía
hasta que daba cabezazos y veía que me podía caer encima del torno y que este
me cogiera, aguantaba hasta el último momento, pues tenía que cumplir con todos
los compromisos”. José Sivó sacó adelante su empresa sin más ayuda que la de
sus manos y las agotadoras jornadas de trabajo ya que no recibía ayuda o
subvención alguna. Hasta hace apenas dos años José bajaba caminando los casi
cuatro kilómetros que separan su domicilio del taller. Hoy sigue pasándose por
allí con la ayuda de sus hijos que veneran a su padre que no ha conocido más
que sacrificios.
Javier Calvo.
Economía y Empresas CLM.
Semanario de Información Económica
29-01-2007.