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PIDE PERDÓN Y APRENDE A PERDONAR. MARTA LÓPEZ-JURADO PUIG.

         

No hay inversión más rentable en la relación de pareja que pedir perdón.

No hay inversión más rentable en la relación de pareja que pedir perdón.

 

Excusarse es uno de los usos más dignos que podemos hacer de la libertad. Decir "me he equivocado" genera una gran paz interior. Las críticas no mejoran el matrimonio, sino que inevitablemente lo empeoran. Aprende a perdonarte a ti mismo, que es trabajar para aceptarte a ti mismo con todos tus defectos. Es un gran paso para el cambio que te has pro­puesto.

 

El perdón comienza cuando una persona rechaza todo tipo de venganza. No habla del otro desde su experiencia dolorosa. Evita juzgarlo y desvalorizarlo, y está dispuesta a escucharlo con corazón abierto.

 

El secreto radica en no identificar al otro con su "agre­sión". Todo ser humano es más grande que su culpa. Todos somos débiles y fallamos con frecuencia.

 

Si no perdono al otro, de alguna manera le quito el espacio para vivir y desarrollarse sanamente. Se puede "matar", en sen­tido espiritual, a una persona con palabras injustas y duras, con pensamientos malos o, sencillamente, negando el perdón.

 

Perdonar es tener la firme convicción de que en cada per­sona, detrás de todo mal, hay un ser humano vulnerable y capaz de cambiar. Significa creer en la posibilidad de trans­formación y de evolución de los demás.

 

El perdón del que hablamos aquí no consiste en saldar un castigo, sino que es, ante todo, una actitud interior. Significa vivir en paz con los recuerdos y no perder el aprecio a ninguna persona.

 

A1 perdonar, decimos a alguien: "No, tú no eres así. ¡Sé quien eres! En realidad, eres mucho mejor". Queremos todo el bien posible para el otro, su pleno desarrollo, su dicha pro­funda, y nos esforzamos por quererlo desde el fondo del cora­zón, con gran sinceridad.

 

El acto de perdonar nos libera a nosotros mismos, ya que los resentimientos hacen que las heridas se infecten en nuestro interior y ejerzan su influjo pesado y devastador, creando una especie de malestar e insatisfacción generales. En consecuen­cia, uno no se siente a gusto en su propia piel. Y si uno no se encuentra a gusto consigo mismo, entonces no se encuentra a gusto en ningún lugar.

 

Las heridas no curadas pueden reducir enormemente nues­tra libertad. Pueden dar origen a reacciones desproporciona­das y violentas, que nos sorprenden a nosotros mismos. Una persona herida, hiere a los demás. Y, como muchas veces oculta su corazón detrás de una coraza, puede parecer dura, inaccesible e intratable. En realidad, no es así. Sólo necesita defenderse. Parece dura, pero es insegura; está dolida por malas experiencias.

 

Hace falta descubrir la herida para poder limpiarla y curarla. Poner en orden el propio interior puede ser un paso para hacer posible el perdón. Pero este paso es sumamente difícil y, en ocasiones, no conseguimos darlo. Podemos renun­ciar a la venganza, pero no al dolor. Aquí se ve claramente que el perdón, aunque está estrechamente unido a vivencias afec­tivas, no es un sentimiento. Es un acto de la voluntad. Se puede perdonar llorando.

 

Perdonar exige un corazón generoso. El perdón no anula el derecho, pero lo excede. Por naturaleza es incondicional, ya que es un don gratuito del amor, un don siempre inmerecido.

 

Hay un modo "falsificado" de perdonar, cuando se hace con cálculos, especulaciones y metas. "Te perdono para que te des cuenta de la barbaridad que has hecho; te perdono para que mejores". El perdón verdadero se concede sin ninguna condición, al igual que el amor auténtico: "Te perdono por­que te quiero, a pesar de todo".

 

Cuando perdonamos nos liberamos a nosotros mismos de los enfados y los rencores. Si tú perdonas a tu pareja, los dos os beneficiáis. La amargura es una carga muy pesada. El ren­cor es tremendamente destructivo para el que lo siente y, cuando no es sustituido por el perdón, hace desaparecer poco a poco el amor y la relación se deteriora progresivamente.

 

Perdonar es pasar página, no tener siempre presente la lista de agravios, ofrecer generosamente una nueva oportuni­dad, sin cortapisas ni condiciones de imposible cumplimiento. Re-comenzar es poner un nuevo comienzo.

 

"Puedo perdonar pero no olvidar" es una frase llena de falsedad. El "sí, pero no" es la peor de todas las opciones. Perdonar es amar intensamente. Y exige un corazón gene­roso, y misericordioso también. Significa ir mas allá de la jus­ticia. ¡Hay situaciones tan complejas en las que la mera justi­cia es imposible! Si se ha roto algo, se sustituye; pero si se ha perdido un familiar o un amigo, o se ha dañado un órgano, la justicia no puede restituirlo. Es ahí, donde el castigo no cubre nunca la pérdida, donde tiene espacio el perdón.

 

 

López-Jurado Puig, M. (2004). Pide perdón y aprende a perdonar. En López-Jurado Puig, M., “¿Es posible mejorar la relación con tu pareja”, (pp. 53-55), Bilbao: Desclée De Brouwer.

Publicado el 29/5/2017 en ARTÍCULOS

         

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