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LA NUEVA IDENTIDAD FEMENINA. MERCEDES EGUIBAR

         

Aclaro que no soy feminista, respetando a las que lo son, porque entre otras cosas, ya no es necesario. El feminismo es una doctrina social donde la mujer reivindica los derechos de los varones, y eso está conseguido.

Aclaro que no soy feminista, respetando a las que lo son, porque entre otras cosas, ya no es necesario. El feminismo es una doctrina social donde la mujer reivindica los derechos de los varones, y eso está conseguido.

 

Mi tesis en pocas palabras consiste  en alertar por una parte, a las mujeres y al mismo tiempo a los varones, para que se cree y salga a la superficie una auténtica aportación femenina, distinta a la que ya existe, prácticamente expuesta y realizada por ellos. Recordemos que actualmente, más del cincuenta por ciento de los seres que pueblan el planeta tierra, son mujeres.

 

            Ya se puede decir que la mujer ha llegado casi a su cenit y ha conseguido acceder libremente al mundo de la cultura y de la profesión, de un modo vertiginoso  y en poco tiempo, si se compara con los siglos que ha estado alejada y separada, sin posibilidad de cultivarse y de actuar.

 

         Este acceso, merecido y trabajado por ella misma, no se puede perder, ni rebajar y menos desprestigiar. Y hay todavía un “más” importante, la mujer ha de transmitir a la humanidad su propio estilo, evitando la imitación en los modos de ser y hacer del varón. Y al mismo tiempo, ha de consolidar su liderazgo en la familia y en el hogar, en el matrimonio y en la educación de los hijos. No puede de ninguna manera, obviarlo. Sería una gran pérdida que redundaría en la propia felicidad y en la de los suyos. Y paralelamente, ha de recibir del varón, excluido de estos lugares por varios motivos: comodidad, falta de organización o por ausencia de un pensamiento reflexivo sobre su papel etc, Ha de recibir, repito, la libre cooperación en un espacio común, creado por los dos, que tiene como fundamento, el amor.

 

            Alerto también, sobre un comportamiento femenino con visos de modernidad, que puede llevarla a la pérdida de valores importantes  que rozan su dignidad y que redundaría también, en sentido peyorativo, sin lugar a dudas, en el modo de hacer y ser masculino.

 

            Creo en la mujer y pienso sinceramente, que puede ser la artífice, por ejemplo, de la paz, en todas sus dimensiones, que son muchas. Escribo sobre la abnegación como un valor a recuperar en las relaciones varón mujer con el fin de  transmitirlo bien a los hijos. Considero esencial redefinir el amor para vivirlo en toda su plenitud. Me parece que la mujer, ya que es la portadora de la vida, es el mejor vehículo para     revitalizar enseñando que cada persona ha de procurar ser magnánima, magnanimidad que lleva a sentir compasión por la humanidad.

 

Tiene además, una capacidad singular y dotes específicas para consolidar y hacer más amables las relaciones humanas, bastante complejas hoy, con talante abierto e inteligente utilizando lo que se ha llamado el genio femenino, todavía sin desarrollar en plenitud que  tan oportunamente y con tanta agudeza plantea Juan Pablo II en la Carta a las mujeres.

 

            Me atrevo a repetir una frase, un poco trabalenguas de Chevrot, que requiere una reflexión lenta y profunda, aplicada en mi caso a la mujer: ¿Está la mujer decidida a no tomar como medida de su cariño la generosidad de los más generosos, sino a querer más que los que más aman, a eliminar toda medida de amor?

Publicado el 26/5/2017 en ARTÍCULOS

         

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