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INFANCIA, ADOLESCENCIA Y DEPORTE. JOSÉ MARÍA VILLALÓN ALONSO

         

En este capítulo nos proponemos resaltar la importancia que tiene el ejercicio físico como base fundamental para el desarrollo corporal, tanto físico como psíquico, de un niño en su fase escolar, y responder a una serie de cuestiones que, desde el punto de vista de la Medicina, se plantean con la participación del niño y del adolescente en las diversas actividades deportivas.

En este capítulo nos proponemos resaltar la importancia que tiene el ejercicio físico como base fundamental para el desarrollo corporal, tanto físico como psíquico, de un niño en su fase esco­lar, y responder a una serie de cuestiones que, desde el punto de vista de la Medicina, se plantean con la participación del niño y del adolescente en las diversas actividades deportivas.

La Educación Escolar es un proceso complejo y extenso que aspira a integrar al niño en la socie­dad o comunidad de la que forma parte y convertirlo en un ser adaptado y capaz. La Educación Física es la parte de la Educación que utiliza de una manera sistemática las actividades físicas y la influencia de los agentes naturales (aire, sol, agua, etc.) como medios específicos. Toda actividad psicomotriz con­cebida primordialmente con un fin educativo, se integra en la Educación Física, que se caracteriza en definitiva mucho más por un estado de espíritu que por la elección de una técnica determinada. La Edu­cación Física, como cualquiera de las otras áreas del conocimiento, tiene como objetivo fundamental y principal: el desarrollo psicomotriz del niño y del adolescente, gracias al cual aprende a identificar sus segmentos corporales y a coordinarlos entre sí, ejecutando para ello movimientos simples en un prin­cipio, y después más complejos, que en un futuro realizará instintivamente.

La actividad física y el deporte deben proporcionar al niño o al adulto una mejora de su "yo físico" que le permita adquirir una mayor capacidad para sus relaciones sociales. Debe ser, asimis­mo, un camino o posible vía a elegir para su tiempo libre, y para algunos su profesión. El ejercicio físico en el niño y el adolescente va a contribuir a los procesos de desarrollo y maduración de su potencial genético.

 

LA BIOLOGÍA DEL NIÑO

El ser humano, desde la concepción hasta la adolescencia, sigue un proceso continuo de desarrollo físico, psíquico y social, a través de varias etapas que pueden resumirse en las siguientes:

 - Periodo Prenatal: desde la concepción al nacimiento.

- Periodo Postnatal:             + Neonatal: los 30 primeros días de vida.

+ Lactante: de 1 mes a 2 años.

+  Preescolar: de 2 a 6 años.

+  Escolar: de 7 a 10 años en las niñas y de 7 a 12 años en los niños.

- Periodo de adolescencia

+ Prepuberal: de 10 a 12 años en las niñas y de 12 a 14 años en los niños.

+ Puberal: de 12 a 14 años en las niñas y de 14 a 16 años en los niños.

+ Postpuberal: de 14 a 16 años en las niñas y de 16 a 18 años en los niños.

La influencia del ejercicio, durante estos periodos, es importante para un desarrollo armónico, funcional, físico, psíquico y social. Una correcta orientación deportiva, la planificación del entrenamien­to por personal especializado, el seguimiento y evaluación de resultados, para lo que bastan con fre­cuencia estudiar cuándo, dónde y de qué forma proponemos las ocasiones de movimiento y cuándo podemos iniciar, practicar y competir, en ese complejo mundo del movimiento que llamamos deporte.

 Las características del esqueleto del niño y del adolescente indicativos de su inmadurez com­parados con el del adulto, son las siguientes: tienen huesos más flexibles, cartílagos más blandos, ligamentos que son más fuertes que los núcleos de osificación asociados, el periostio es más grue­so, resistente y activo.

 

 CALENDARIO DE ACTIVIDADES FÍSICAS

- Hasta los 4 años: aprendizaje del equilibrio y de la praxis motrices elementales.

- De 4 a 5 años: corre con velocidad y, además, sortea obstáculos en una carrera. Puede iniciar el aprendizaje del manejo de su propio cuerpo en distintos medios (piscina). Este es el momento más adecuado para iniciar el aprendizaje de muchos deportes. Busca amigos para jugar: le gustan los juegos al aire libre en los que intervenga su control motriz (bicicletas).

- De 6 a 7 años: le gustan los juegos y deportes de grupo, y empieza a valorar la figura del entrenador. El intercambio, la comunicación, el conocimiento de las reglas del juego y, más que el conocimiento, el ser capaz de adaptarse a las mismas, deben ser el resultado armo­nioso de una educación preescolar completa.

- De 7 a 8 años: desde el punto de vista motor, el niño, con el perfeccionamiento de la late­ralidad, completa de forma total los esquemas de coordinación de todos los movimientos básicos. A partir de ahora la práctica de algún deporte, el aprendizaje de la danza o el manejo de algún instrumento musical le permitirán desarrollar movimientos especializa­dos. El dominio del cuerpo debe ser total.

- De 8 a 12 años: actividades físicas y deportivas pero con prudencia y progresividad; en este período se le motivará para hacer verdadero deporte, pero teniendo en cuenta que existe una disociación entre esta apetencia psicológica y las capacidades físicas objetivas.

- De 12 a 16 años: entrada en el deporte de competición, pero evitando el sobreentrena­miento, teniendo en cuenta la gran fragilidad del cartílago de crecimiento entre los 13 y 14 años. Es una etapa en la que el reconocimiento médico de aptitud física es imprescindible.

Es necesario destacar que la edad «biológica» y la edad «cronológica», no siempre coinci­den. En una clase de un determinado curso de un colegio, entre los escolares de la misma edad cro­nológica se pueden encontrar grandes diferencias biológicas (fisiológicas, anatómicas, psicológicas, de madurez social, etc.).

DESARROLLO DE LA HABILIDAD MOTRIZ

El desarrollo de la habilidad motriz se produce más lentamente en el transcurso del tiempo y cada uno de sus componentes adquiere su máximo en diferentes épocas de la vida del niño. El tiem­po de reacción es mucho más lento en los niños que en los adultos, de tal forma que a los 5 años se necesita tres veces más tiempo para procesar la misma cantidad de información que a los 17 años. La flexibilidad articular se hace menos evidente durante la fase de crecimiento rápido que antecede a la pubertad, debido al estiramiento muscular producido por un desequilibrio en el crecimiento entre el hueso, que lo hace más rápidamente, y el tendón. Después de la pubertad, la flexibilidad aumenta en ambos sexos para irse perdiendo progresivamente algunos años después. Antes de la maduración, niñas y niños mejoran la fuerza mediante el ejercicio adecuado.

Las habilidades adquiridas a través de la percepción se desarrollan mejor después de la pubertad y son específicas para cada actividad.

La velocidad es una cualidad dotada de un gran componente genético, lo que la hace menos mejorable que otras por el entrenamiento.

INICIACIÓN DEPORTIVA

En general, puede entenderse como dos aspectos principales: general y especializada. Ambas íntimamente relacionadas con las actividades naturales (andar, correr, lanzar, nadar, etc.), e integradas en una educación física moderna, sin solución de continuidad con el deporte.

La iniciación general corresponde a las fases: preescolar (de 2 a 7 años) Y escolar (de 7 a 12 años en los niños y de 7 a 10 años, en las niñas), tiene como finalidad empezar a construir el subs­trato orgánico que posibilite, en el futuro, las fases que ya se han expuesto anteriormente.

Corresponde a los padres controlar muy de cerca la actuación deportiva de sus hijos, pues pueden existir intereses escolares o de los mismos hijos, que puedan estar poco acordes entre ese desarrollo corporal y su propia salud, y también con los otros componentes de la educación inte­gral de la persona (estudios, motivaciones, tiempo libre, otras actividades culturales, etc.). Es difícil comprender en ciertas ocasiones cómo se consienten algunos entrenamientos intensos, competi­ciones extenuantes, en edades de desarrollo y maduración.

La "carga psicológica" es también de suma importancia: la responsabilidad, concentración, memoria, comprensión, fuerza de voluntad, persistencia, inteligencia motriz, etc., son factores para un entrenamiento y competición interna.

El competidor infantil, ocupado durante un dilatado tiempo en le entrenamiento y en competi­ciones, realmente no disfruta de su infancia, pues a veces se elige por él (colegio, familia) el deporte con lo que se carga de responsabilidades prematuras y se le limita a una línea de actividades que le impi­de conocer y practicar otras especialidades distintas, muy necesarias para su desarrollo armónico.

Hay que evitar en el periodo prepuberal y mucho más, por supuesto, en el periodo escolar, el "récord children', el "campeonísimo infantil", incluso los pedagogos especializados aluden a los deportes de equipo más que a los individuales.

FACTORES QUE INTERVIENEN EN EL RENDIMIENTO DEPORTIVO

El hecho de conseguir una buena marca deportiva es algo que no se encuentra al alcance de la mayoría de las personas. Únicamente una mínima cantidad de los que intentan batir un récord lo consiguen. Para ser un campeón se necesitan unas cualidades innatas sobresalientes, mucho entre­namiento y una motivación superior, en la mayoría de las ocasiones, a la de los demás.

-      En términos generales la consecución de un buen rendimiento deportivo depende de un gran número de variables entre las que se encuentra el somatotipo del deportista, la flexibilidad y la coordinación neuromuscular. Pero también es muy valorable el grado de maduración adquirida por el niño y el adolescente, tanto en el aspecto físico como en el psíquico. La dieta alimentaria modifica positiva o negativamente el rendimiento, no sólo en la época de iniciarse en la actividad, sino muchos años antes. Sin una alimentación adecuada no se consigue una buena salud, y sin ella es poco posible el éxito deportivo. El ambiente también es un factor que puede ser decisivo en el rendimiento, ya sea de tipo climatológico o sociológico. Por último, la experiencia, un determinado grado de inteligencia y una gran creatividad son los atributos necesarios para alcanzar el triunfo en el deporte. Solamente cuando concurren en el niño y en el adolescente las cualidades descritas debemos consentir su participación en el deporte de alta competición.

CUADRO I: FACTORES QUE INTERVIENEN EN EL RENDIMIENTO DEPORTIVO

 

                                        

 

1º EL SOMATOTIPO

2° LA FLEXIBILIDAD Y LA COORDINACIÓN

3° EL GRADO DE MADURACIÓN SEXUAL

4° LA DIETA

5° LOS FACTORES AMBIENTALES

6° LOS FACTORES CLIMÁTICOS

7° EXPERIENCIA, INTELIGENCIA Y CREATIVIDAD

EL NIÑO Y LA COMPETICIÓN

 

 

Las competiciones no deben de ser excluidas de la práctica deportiva del niño y del adoles­cente, pues tienen un valor educativo en los diferentes aspectos técnico, táctico, fisiológico y socioló­gico. El pedagogo, los padres y el médico deben considerarlas más como un medio que como un fin.

Sin embargo, las competiciones representan un estrés psicológico y fisiológico importante; por ello, en la edad escolar, deben limitarse en número (de 10 a 15 anualmente), espaciarse en el tiempo (con un intervalo de separación de 15 días como mínimo) para conseguir una buena recupe­ración. Cuando las competiciones son demasiado frecuentes, un periodo de recuperación insufi­ciente y un entrenamiento muy específico, pueden perturbar seriamente el programa de preparación física general y alterar el desarrollo armónico en el niño y en el adolescente.

De cualquier forma, los niños, a quienes pocas veces se les consulta sobre la forma en que les gustaría hacer deporte, aseguran que lo más importante para ellos es jugar tanto como puedan para divertirse, mientras que ganar o batir a los rivales es mucho menos interesante.

ESPECIALIZACIÓN DEPORTIVA PRECOZ

Durante los últimos años, se ha producido, en algunos deportes, el proceso que se ha dado en denominar especialización precoz, en tanto en cuanto la iniciación de los entrenamientos ha ido poco a poco adelantándose y situándose en la edad infantil, con lo que se busca conseguir antes unos resultados deportivos de alto nivel (búsqueda de talentos).

Se sabe que no se pueden alcanzar resultados de alto nivel, si no es gracias a un entrena­miento sistemático de varios años, comenzando desde la adolescencia, e incluso antes en algunas especialidades deportivas. Este objetivo debe ser alcanzado en la práctica gracias a una preparación precoz más que a una especialización temprana. La práctica de las actividades físicas debe adaptarse a las condiciones fisiológicas y de desarrollo del sujeto. Las actividades deportivas han de instaurar­se de forma progresiva siguiendo las características biológicas de las diversas edades de la vida. Por ello no debería hablarse de especialización precoz, ni siquiera de entrenamiento, sino de enseñanza y práctica de ejercicios adaptados a la adquisición y desarrollo de capacidades de movimiento.

De acuerdo con todo lo expuesto, una especialización exclusiva y demasiado precoz está contraindicada, ya que no existe un deporte que desarrolle de forma ideal las diferentes cualidades del niño. Además, muy a menudo, esta especialización temprana depende de los deseos de los padres o del entrenador, más que de los gustos y aptitudes del niño; se acompaña frecuentemente de una falta de preparación física general o complementaria; es a menudo seguida de logros o éxi­tos deportivos precoces, pero también de una carrera deportiva acortada y a veces con secuelas patológicas y alteraciones del desarrollo armónico por una actividad física que supera unos deter­minados límites de esfuerzo.

LESIONES MÁS FRECUENTES EN EL NIÑO Y EL ADOLESCENTE POR LA PRÁCTICA DEPORTIVA

 Muchos de los riesgos a los que se enfrentan los jóvenes deportistas están relacionados con su inmadurez esquelética. En general se puede afirmar que para que sucedan fracturas son necesa­rias grandes fuerzas ya que el hueso inmaduro es muy deformable, los traumatismos articulares son mucho menos frecuentes que en el adulto, así como las luxaciones o los desgarros ligamentosos; la consolidación de las fracturas es más rápida en los niños por su periostio más osteogénico y son más raras las pseudoartrosis; las deformidades angulares se corrigen con bastante frecuencia; el car­tílago de crecimiento y las placas fisarias están más frecuentemente implicadas en las lesiones pro­pias del esqueleto inmaduro.

Las lesiones típicas de la infancia y la adolescencia que solamente se dan en estas edades son las fracturas epifisarias (fracturas que afectan a las zonas de crecimiento del hueso), la avulsión de apófisis (saliente del hueso que durante la infancia y adolescencia es una zona de crecimiento óseo), apofisitis, etc.

La epífisis es el lugar de crecimiento longitudinal del hueso. Las fracturas en las que se sepa­ra la epífisis de las metáfisis exigen traumatismos muy violentos. En cualquier caso, durante el cre­cimiento los ligamentos que rodean las articulaciones son más fuertes que la fisis en crecimiento. Por tanto, un traumatismo que pudiera causar una rotura en un ligamento en el adulto puede cau­sar una fractura fisaria en una persona esqueléticamente inmadura.

Otra lesión importante en el esqueleto inmaduro y no infrecuente es la apofisitis. Una apófi­sis es un lugar de crecimiento del hueso que cuando se suelda se convierte en un saliente en el que se insertan los músculos y los ligamentos. Las apófisis pueden verse dañadas por fuerzas de trac­ción agudas o repetitivas, produciéndose por este mecanismo la avulsión de la apófisis en un joven.

 Entre otras patologías características de la infancia y la adolescencia encontramos la osteo­condritis disecante y las necrosis avasculares. La osteocondritis es una enfermedad en la que se dan cambios isquémicos en el hueso subcondral que originan el colapso e incluso el desprendimiento del fragmento osteocondral. Se atribuyen como causas los traumatismo y factores consitucionales fundamentalmente aunque también se han implicado factores vasculares, metabólicos y hormona­les. En cuanto a las necrosis avasculares, también denominadas osteonecrosis, se dan en el niño y en el adolescente con mayor incidencia que en el adulto. Suelen aparecer durante el crecimiento y afecta a las epífisis de los huesos largos y a los cuerpos vertebrales. La causa suele ser una altera­ción de¡ núcleo de osificación producido en la mayoría de las ocasiones por mecanismos vasculares en los que influyen factores constitucionales y familiares.

Existe otra lesión de partes óseas relativamente frecuente en la infancia y adolescencia que es la fractura de fatiga. Son pequeñas fracturas de la cortical ósea por traumatismos repetitivos.

Las lesiones más frecuentes de partes blandas son la fascitis plantar, tendinitis aquílea, periostitis, patología patelofemoral, codo de tenis y hombro doloroso.

La prevención de las lesiones en el niño y en el adolescente debe ser una tarea prioritaria para lo médicos del deporte, traumatólogos, rehabilitadores, pediatras, fisioterapeutas, entrena­dores, profesores, atletas y dirigentes del deporte. Como estrategia básica de prevención de lesio­nes tenemos los siguientes medios:

- Exámenes médicos que indentifiquen los riesgos de lesión (deformidades esqueléticas, escasa fle­xibilidad, desarreglos biomecánicos, dismetrías, desequilibrios musculares, etc.) y corregirlos cuando existan.

- Programas de entrenamiento graduales y de progresión lenta.

- Condición física básica.

 

- Calentamiento y enfriamiento.

- Entrenamiento preventivo, bien programado y variado.

- Información y educación sanitaria sobre los peligros del consumo de drogas, dopaje, medi­camentos, etc.

- Higiene personal y de vida correcta y ordenada.

- Uso de material protector adecuado (cascos, coderas, rodilleras, etc.).

- Adecuación de los reglamentos deportivos a los niños y adolescentes de forma que la práctica deportiva sea más segura y acorde a estas edades.

Publicado el 26/5/2017 en ARTÍCULOS

         

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