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EN LA SALUD Y EN LA ENFERMEDAD

         

Siendo joven, bien situado en la vida, me enamoré de una mujer tierna y guapísima que caló en mí de tal modo que, contra el parecer de mis padres que decían discretamente que era una persona original, me casé con ella. Yo estaba convencido de que era la mujer de mi vida.

Siendo joven, bien situado en la vida, me enamoré de una mujer tierna y guapísima que caló en mí de tal modo que, contra el parecer de mis padres que decían discretamente que era una persona original, me casé con ella. Yo estaba convencido de que era la mujer de mi vida.

 

Al año de casados, llegó nuestro primer hijo. Y nuestras primeras visitas al psiquiatra. En los años siguientes llegaron los demás, hasta cinco, Y continuaron las visitas a diversos psiquiatras que no resolvían la situación. Y mientras tanto,  por mi trabajo en una multinacional yo tenía que hacer constantes viajes al extranjero. Entre idas y venidas, yo cada día era más consciente del carácter conflictivo de mi mujer, tierno y violento, que seguía siendo guapísima, pero que despedía al servicio pensando que eran agentes secretos, acudía a la policía diciendo que los niños habían sido secuestrados en el colegio…

 

Los diagnósticos psiquiátricos apuntaban siempre hacia una esquizofrenia paranoica. No obstante, mi mujer no quería aceptar su enfermedad ni tomar los medicamentos que se le recetaban.

 

Así las cosas, tuve que cambiar de trabajo para evitar los viajes y conducir mi casa. Durante años lo intenté todo. Pero mi familia seguía sin encontrar su norte.

 

Hasta que un día mis suegros me ofrecieron llevarse a mi mujer con ellos y contratar a una enfermera que le controlara la medicación y le ayudara a hacer los ejercicios de rehabilitación mental necesarios para llevar una vida sin los tormentos y miedos provocados por las fantasías que creaba su enfermedad.

 

Esta fue la clave para reestructurar mi familia. Ahora mi mujer está mejor tratada en su enfermedad. Y yo voy todos los días a verla. Hay días que no está en condiciones de recibirme. Otros, está relajada, y salimos juntos a cenar o a dar un paseo… También la relación de mi mujer con sus hijos es buena. Algunos días no quiere verlos, otras sólo quiere ver a uno o a otro…Y otras veces disfrutamos todos juntos. Y también mis hijos han asumido el estado de salud de su madre y saben que dentro de sus limitaciones los quiere mucho. Y ellos le devuelven este cariño sabiendo atenderla y ocuparse de ella según su estado.

 

Y, por extraño que parezca, todos hemos asumido perfectamente su estado de salud. Por ello, quizás no seamos un paradigma de familia, pero somos una familia unida que nos queremos.

 

Publicado el 29/5/2017 en TESTIMONIOS

         

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