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EL LAICISMO RESPETUOSO. JUAN MANUEL BURGOS VELASCO

         

El reciente manifiesto del PSOE sobre el laicismo supone un paso más en el proyecto de construir una sociedad hostil a la religión. El texto ha merecido numerosos comentarios, entre los que destacan los de Fernando Sebastián, que ha propuesto la decisiva distinción entre laicidad y neutralidad. Los Estados modernos deben ser neutrales (o no confesionales, si se prefiere), pues es la única manera posible de respetar todas las cosmovisiones: la laicista –laicos somos la inmensa mayoría de los ciud

Los Estados deben ser respetuosos, pues es la única

 manera de respetar todas las cosmovisiones.

 

 

            El reciente manifiesto del PSOE sobre el laicismo supone un paso más en el proyecto de construir una sociedad hostil a la religión. El texto ha merecido numerosos comentarios, entre los que destacan los de Fernando Sebastián, que ha propuesto la decisiva distinción entre laicidad y neutralidad. Los Estados modernos deben ser neutrales (o no confesionales, si se prefiere), pues es la única manera posible de respetar todas las cosmovisiones: la laicista –laicos somos la inmensa mayoría de los ciudadanos- y las creyentes.

            El laicismo del PSOE, además, no se corresponde con el de grandes pensadores contemporáneos, sino que es una versión propia, radical y excluyente. Jürgen Habermans (El futuro de la naturaleza humana) y John Rawls (El liberalismo político) han propuesto una gestión del pluralismo completamente diversa y respetuosa con la religión. Si bien ellos, personalmente, mantienen una posición secularizada, entienden que esa no puede ser la actitud del Estado, pues supondría su identificación exclusiva con una parte de la población que sólo podría mantenerse mediante la opresión (laicista en este caso). Ambos asumen también expresamente que el cristianismo tiene todas las credenciales democráticas necesarias, y Habermans especialmente, lo valora muy positivamente. Señala que su aportación a la cultura Occidental ha sido muy significativa en conceptos morales y filosóficos, apunta que el Estado democrático no puede desperdiciar la energía ética que la religiosidad genera en los ciudadanos creyentes, y reconoce, por último, que estos están haciendo un esfuerzo mayor que los secularizados para vivir en el Estado democrático, pues son los únicos a los que se les impulsa a dividirse entre vida privada (religiosa) y pública (secular). Y como tal actitud es incompatible con la neutralidad del Estado llega incluso a animar a los ciudadanos secularizados a que ayuden a los cristianos a expresarse, si lo desean, usando terminología religiosa, y a asumir los valores no confesionales que puedan estar incluidos en su cosmovisión.

            Éste es, a todas luces, otro camino. Un camino de respeto que suscita por parte del creyente una reacción de agradecimiento, respeto, reconocimiento y amistad. El laicismo propuesto por el PSOE parte del rechazo –explícito o implícito- hacia la religión y es, por ello, necesariamente una perspectiva hostil, tanto más cuanto que existen otras, mucho más autorizadas, capaces de proponer un modelo integrador y respetuoso. Es, además, una semilla de enfrentamiento, ya que una buena parte de la sociedad española es creyente y ni quiere ni debe renunciar a que sus convicciones calen en su sociedad.

 

 

Juan Manuel Burgos

Filósofo

 

LA GACETA DE LOS NEGOSCIOS 

15/12/2006

                                   

Publicado el 26/5/2017 en ARTÍCULOS

         

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