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CLAVES PARA UNA NUEVA ESTÉTICA DE LA FAMILIA. JUAN MANUEL BURGOS VELASCO

         

Comencemos por el principio: una nueva estética de la familia: ¿qué significa esta expresión? Significa, en primer lugar, que nos estamos situando en un plano cultural, no en un plano privado y personal. Y esta es una cuestión sobre la que me parece muy importante reflexionar porque la formación familiar en España ha tendido a centrarse en el terreno intrafamiliar: ¿qué es bueno para mi familia? ¿qué tengo que hacer para educar bien a mis hijos? ¿Cómo resolver los problemas de comunicación con m

Quisiera comenzar diciendo que es una alegría para mí tener la oportunidad de hablar de la familia en un contexto tan acogedor, tan importante y tan bien orientado. ¿Por qué digo esto? Porque hay mucha gente y muchas asociaciones que trabajan en pro de la familia, pero no sólo es importante la actitud y el deseo, sino el conocimiento y la estrategia. En otras palabras, no basta con querer luchar por una idea, sino que hay que saber cómo luchar y cuáles son los objetivos que se quieren conseguir. Y eso no siempre sucede en relación con la familia. Hay, a veces, planteamientos muy sólidos desde el punto de vista vivencial, pero carentes de ideas y de capacidad de proyecto en el mundo específico en el que nos movemos.

 

Por eso, cuando Mercedes Díez me invitó a dar esta conferencia y me anunció que el título de la jornada era "Hacia una nueva estética, de la familia", pensé: me gusta. Este es el planteamiento y el lenguaje adecuado. No una rememoración del pasado, no una insistencia en conceptos válidos pero culturalmente caducos, sino una apuesta valiente por una visión propositiva e innovadora de la familia, por ideas nuevas capaces de convocar voluntades no solo de personas ancianas (con todo el valor que la ancianidad posee) sino de hombres y mujeres jóvenes que son los que van a construir el futuro. Construir algo nuevo es ciertamente más difícil que insistir en lo antiguo. Pongo un ejemplo personal. En mi reciente libro Diagnóstico sobre la familia me ha resultado mucho más fácil describir la historia de la familia en los últimos siglos que aventurar una descripción y una previsión de lo que va a suceder en el futuro. Pero esa tarea de previsión y construcción del futuro resulta mucho más estimulante y, sobre todo, más necesaria. Pues bien, esa es la empresa en la que veo que estáis comprometidos y a la que voy a intentar contribuir con algunas ideas.                                                                                                                                                                                                                                                                                                            Comencemos por el principio: una nueva estética de la familia: ¿qué significa esta expresión? Significa, en primer lugar, que nos estamos situando en un plano cultural, no en un plano privado y personal. Y esta es una cuestión sobre la que me parece muy importante reflexionar porque la formación familiar en España ha tendido a centrarse en el terreno intrafamiliar: ¿qué es bueno para mi familia? ¿qué tengo que hacer para educar bien a mis hijos? ¿Cómo resolver los problemas de comunicación con mi marido-mujer? Todo esto, por supuesto, es muy importante. Quizá incluso se podría afirmar que es lo único importante si el modelo de familia que la sociedad asume es único y correcto desde el punto de vista antropológico. Pero ¿qué sucede cuando ese modelo comienza a resquebrajarse, cuando aparecen modelos alternativos y los valores familiares comienzan a ser despreciados o infravalorados?                             

Lo que sucede, entonces, es que los mismos problemas intrafamiliares se agudizan porque el entorno social se hace cada vez más hostil. Educar a los hijos resulta cada vez más difícil porque los modelos de referencia que reciben de los medios de comunicación chocan, a veces frontalmente, con los ideales que los padres pretenden inculcarles. Comunicarse con e1 propio cónyuge también puede ser más difícil si el contexto habitual de trabajo es el de una dura competencia en la que no caben concesiones ni guiños a la compasión, etc. Y, además, se genera una fuerte sensación de indefensión y pesimismo ya que no se disponen de recursos culturales y sociales para afrontar esos problemas al tener una formación limitada a los problemas intrafamiliares.

Lo terrible, ante esta situación, sería emplear la táctica del avestruz y pensar: a mí, lo que realmente me interesa es mi familia; si esta funciona y sobrevive, el resto del mundo se puede hundir. Recurriendo a la obra mágica de Tolkien, El señor de los anillos sería algo así, como si Frodo, en vez de lanzarse a la aventura para detener el avance de las  sombras, se dijera, a mí me basta con que no ocurra nada en La Comarca. Si el resto del mundo se viene abajo, peor para él. No es mi problema. Pero el problema es que si es su problema, porque las sombras, si no se les pone coto a tiempo, cuando todavía no son excesivamente fuertes, acabarán por llegar a la Comarca. Por eso Frodo decide valientemente abandonar su cómoda choza y salir a recorrer caminos y a sufrir aventuras, muy apasionantes de ver desde los cómodos sillones de una butaca pero quizá no tan agradables cuando uno las sufre en su propio pellejo.

Afrontar una nueva estética de la familia supone, pues, en primer lugar darse cuenta de que no basta con las batallas intra-familiares; es necesario dar una batalla social, es necesario defender a la familia en la sociedad. Vosotros, que estáis aquí, sois evidentemente conscientes de este hecho. Si no, estaríais en vuestras casas. Pero la mentalidad que hoy actualizáis no puede limitarse a una jornada. Debe estar activa a lo largo del año. No sólo mi familia, sino la familia en la sociedad.

 

Afrontar una nueva estética de la familia supone, en segundo lugar, darse cuenta de que buena parte de los problemas que hoy tienen las familias son de tipo cultural. No sólo, por supuesto. Está el problema de la vivienda, la escasez de dinero, de tiempo, la dificultad de compaginar horarios y otros muchos que cualquiera de vosotros enumeraría mucho mejor que yo. Pero, es muy importante darse cuenta, y este es el punto que quiero remarcar, que buena parte de estos problemas se generan y no se resuelven por un defecto de origen: porque las familias no tienen una buena estética social o, dicho de otro modo, porque la imagen que la sociedad tiene de la familia es deficiente e insatisfactoria.

 

Voy a poner un contraejemplo, quizá poco oportuno en una reunión de familias numerosas, pero muy ilustrativo: el colectivo de homosexuales. Hace 20 años (no más), la imagen que se tenía en España de estas personas era muy negativa (quizás excesivamente, pero no es una cuestión que ahora interese). Pero, poco a poco, se ha ido creando una corriente de opinión que ha dado completamente la vuelta a la situación. Consecuencia: las costumbres sociales y las leyes que les afectaban se han ido modificando por el peso de esa imagen hasta el punto de que hoy nos estamos planteando algo tan irreal como si pueden formar matrimonio e incluso adoptar hijos. En definitiva, la cultura, la imagen y la estética han traído las leyes. Y esta es una lección y un camino que la familia tiene que aprender y empezar a recorrer cuanto antes.

 

¿Qué pasos hay que dar? ¿Cómo hacerlo? Esta es ciertamente la parte más difícil. Pero voy a intentar no eludir el problema y dar ideas y sugerencias sobre tan difícil y apasionante tema.                                                                                                                                                                                                                                                         En primer lugar formación, pero formación social, cultural y estética. Ya he comentado que se ha hecho mucho esfuerzo por facilitar 1a formación en relación a la vida interna de cada familia. Por eso, es bastante probable que cada uno de vosotros tenga muchas ideas y mucho conocimiento sobre cómo resolver los problemas intra-familiares. Pero estos conocimientos, con todo el valor que tienen, son inoperantes para lo que ahora necesitamos. Lo que hace falta para forjar una nueva estética de la familia es adquirir formación sobre temas como los siguientes: las funciones sociales que desempeña la familia, cómo se influencian mutuamente familia y sociedad, cómo afectan a la familia las nuevas costumbres sociales, las modas, cómo se crea una corriente de opinión, cómo usar con eficacia el lenguaje, etc. Cuando sepamos -con detalle, con profundidad, con rigor-­ cómo sucede esto, estaremos en condiciones de dar los primeros pasos para crear una nueva estética de la familia. Mientras tanto, será sólo una aspiración, un deseo, una meta bella pero inalcanzable.                                                                                                                                                                       Esas ideas, creo que vale la pena subrayarlo, sólo en parte están en los libros. En otra buena porción están pendientes de elaboración porque no se les ha dedicado 1a atención y tiempo necesarias. Es una de las manifestaciones de lo que yo denomino "debilidad cultural de los grupos pro-familia" con lo que quiero significar la escasa capacidad de estos grupos de influir y modelar la cultura en la que viven. ¿Por qué sucede esto? Se trata de una pregunta compleja que no puedo abordar con detalle, pero sí quiero apuntar dos motivos que me parece importante conocer para intentar evitarlos.                                                                                       

El primero ha sido, probablemente, un excesivo sentimiento de seguridad por parte de los grupos pro-familia. La familia estaba tan arraigada vitalmente en la sociedad occidental que se ha pensado que era capaz de soportar sin problemas cualquier dificultad y cualquier crítica. Y esto es, en efecto, lo que ha sucedido durante mucho tiempo. Pero, al final, las críticas de una y otra parte han sido tan constantes y profundas y los cambios sociales han sido tan fuertes que han comenzado a hacer mella en la institución familiar, que se ha encontrado atacada por numerosos frentes y sin defensas culturales.

El segundo hay que achacarlo a una particular visión filosófica (y teológica) de la familia que la concibe como una realidad natural. En efecto, desde posturas pro-familia - en gran medida ligadas al cristianismo- se ha subrayado infinidad de veces que la familia es una realidad natural que se corresponde con un decreto institucional de Dios. De acuerdo con esta visión, la familia tiene una forma particular (padre y madre unidos por un vínculo indisoluble y con los correspondientes hijos) que responde a la naturaleza humana y a lo que Dios ha querido. Y, como esta forma es natural, resulta prácticamente evidente a todo el mundo que quiera mirar las cosas con un poco de buena voluntad. Sólo no será capaz de darse cuenta de ello quien tenga una inteligencia deformada por el pecado. Por tanto, y aquí está el quid del asunto, el esfuerzo de la acción a favor de la familia no debe ponerse tanto en comprender el porqué de tal forma (ya que es natural) sino en facilitar a las personas que vivan de acuerdo con este modelo natural de familia.

 

Ahora bien, esta postura, aunque tiene aspectos verdaderos y correctos, es manifiestamente insuficiente. Es verdadera desde una perspectiva cristiana porque recoge rasgos esenciales del mensaje de la Iglesia sobre la familia, y es correcta también desde un punto de vista antropológico. Pero, siendo esto cierto, resulta no sólo insuficiente sino incorrecta. ¿Por qué?. Por una razón muy sencilla y muy profunda al mismo tiempo: porque no hay ninguna dimensión humana exclusivamente natural, todas están modeladas por la inteligencia y por la libertad, es decir, por la cultura. Y esto es válido también para la familia, como resulta fácil comprobar. No existe ni ha existido nunca la "familia natural", lo que existe o ha existido son tipos de familias concretos en entornos culturales específicos: la familia romana, la familia occidental, la familia tradicional, la familia moderna, etc.

 

Me gustaría añadir, para aclara equívocos, que al decir esto no pretendo afirmar que no existan rasgos familiares esenciales que deberían estar presentes en cualquier tipo de familia (otra cosa es que de hecho lo estén). Lo que quiero afirmar es que las estructuras familiares nunca se dan en estado puro sino adaptadas a un ambiente cultural específico. Un ejemplo: la paternidad es, sin duda, uno de los elementos imprescindibles en cualquier estructura familiar, pero eso no le impide variar de cultura a cultura de modo significativo. La paternidad se vive hoy en día de manera diversa que hace dos siglos (por ejemplo, en la familia tradicional de corte patriarcal) y, lógicamente, se separa todavía más del modo de vivir la paternidad en culturas más antiguas como, por ejemplo, la Romana, en la que el padre era el dueño y propietario de toda la familia. Pero ni siquiera hoy se es padre del mismo modo en todas las sociedades; basta pensar, por ejemplo, en las diferencias entre la cultura occidental y la islámica.

 

Por eso, y es el punto al que quería llegar, estudiar, conocer y comprender las modalidades culturales que caracterizan a la familia en cada época no sólo es importante sino trascendental. Ante todo porque es el único modo de comprender cuál es el papel específico y real de la familia en una determinada sociedad. Y además, porque sólo estudiando las específicas peculiaridades culturales de la familia en un momento dado se pueden resolver los problemas concretos que se presentan hoy y ahora. Y, esto es precisamente lo que los grupos pro-familia no han hecho durante mucho tiempo bloqueados por la insistencia en la naturalidad de la familia. Como esta era "natural" y su estructura "evidente" parecía suficiente insistir machaconamente en sus características fundamentales básicas pensando que, al final, se impondrían por su propio peso.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                              Una nueva estética de la familia requiere, por tanto, formación social y cultural por parte de los grupos pro-familia. Esta sería una de las conclusiones de mi conferencia. ¿Qué más es necesario para crear esa nueva estética? Es necesario también proponer un modelo atractivo de familia que rompa la identificación entre familia numerosa y familia tradicional. Esta identificación tiene, por supuesto, elementos positivos puesto que supone entroncarse en una tradición multisecular que recoge una amplia gama de valores que son, hoy en día, especialmente necesarios. Pero también supone caracterizarse simbólicamente como algo antiguo, quizá bueno y deseable, pero desfasado y arcaico. Y esto, desde luego, no es una buena contribución a una nueva estética. La familia tiene que aparecer ante la sociedad como una marca de moda: moderna y de vanguardia, y, por tanto, atractiva. Pero, podríamos preguntarnos, ¿es esto posible? No está reñida intrínsecamente la familia con la modernidad. Por supuesto que no. Y, para comprobarlo, basta con darse cuenta de que la familia evoluciona, que no es un ente estático, fósil e inmutable. La familia cambia.

Un hecho que me llamó mucho la atención en mi trabajo sobre la familia fue descubrir que el ama de casa no había existido siempre. En mi desconocimiento de la historia de la familia, pensaba que familia con valores y existencia del ama de casa se identificaban. Pero, al recorrer la historia de la familia, descubrí con asombro que esto no era cierto. El ama de casa había aparecido en un momento dado de la historia y de la cultura: la revolución industrial y la instauración de la burguesía. Antes no existía tal y como la entendemos hoy. ¿Qué consecuencias podemos sacar de todo esto? Una muy importante: que defender una familia numerosa y estable no tiene por qué significar aliarse con modelos de vida antiguos y tradicionales. Se puede y se debe ser una familia numerosa y perfectamente moderna. Es más, resulta imprescindible para lograr una nueva estética de la familia en la que esta aparezca como una realidad atractiva, dinámica, alegre y moderna. No puedo extenderme en lo que implica esta idea, pero sí puedo afirmar que es posible. Si alguien quiere ser tradicional tiene todo el derecho para ello, pero no es en absoluto necesario. Se puede ser radicalmente moderno y radicalmente familiar.

El tercer y último aspecto que voy a proponer para la construcción de una nueva estética de la familia es la necesidad de presentar con creatividad y de modo atractivo las riquezas de la familia. No tendría por qué ser muy difícil porque el punto de partida es favorable. La familia, como sabéis, es la institución más valorada por la sociedad española con mucha diferencia sobre cualquier otra. La tarea pendiente es sacar esa valoración a la luz. Que no quede reducida, y vuelvo al punto de partida, a una mera valoración privada. Que la familia sea lo más importante para mí, para la persona que tengo al lado, para el viandante con el que me cruzo en la calle, etc., etc., pero que, curiosamente, no lo sea para la sociedad en su conjunto. Ese es el gran reto que la familia tiene que superar. Transformar los valores familiares en valores culturales y valores sociales.

 

Para esto hace falta creatividad. Hace falta, en primer lugar, que las personas que valoran a la familia se impliquen en los ámbitos creativos en los que se decide y se crea la cultura: los medios de comunicación, el cine, la publicidad, la radio, el arte, la literatura, la televisión. Ahí está, hoy en día, la patata caliente, el núcleo del problema y de la solución. Si se educa a los hijos de una manera muy correcta, pero los estímulos que reciben a través de los medios de comunicación son incorrectos y antifamíliares, es fácil comprender que va a haber problemas. La formación tiene que ser homogénea y completa, y eso sólo será posible cuando los jóvenes, junto a la educación paterna, puedan disponer de buena literatura, puedan ver publicidad respetuosa con los valores familiares, recibir información adecuada y no sectaria a través de los diarios.

 

Pero esto, y este es un punto en el que me gustaría insistir especialmente, sólo va a suceder cuando la gente que elabore esos productos tenga una mentalidad receptiva hacia la familia. Las campañas de boicot ante productos de comunicación poco éticos, son, sin duda, importantes, pero son tremendamente insuficientes. Es como intentar detener un alud con una valla de un metro de altura. Servirá para algo, evidentemente, pero el grueso de la avalancha superará el obstáculo y arrollará lo que encuentre a su paso. Lo que hace falta es que el alud no se produzca y para eso es necesario, por así decir, domesticar la nieve. En términos menos alegóricos. Siempre va a haber publicidad, literatura, cine o televisión y la gente -nosotros somos la gente- vamos a leer o a ver lo que encontremos en el mercado. Por eso, la solución no es la contención, la solución radical a los problemas de cultura familiar es crear buenos productos comunicativos que triunfen en el mercado. Eso es domesticar la nieve. Todo lo demás son soluciones de emergencia.

Se trata, ciertamente, de un proyecto difícil, pero no imposible. Y voy a poner un solo ejemplo. La Pasión es una película que, en contra de la tendencia abrumadora en el cine, ha apostado de manera decidida por una visión positiva de los valores religiosos. Y, contra todas las expectativas, ha triunfado de manera espectacular por su calidad. Pues bien, si este ejemplo se multiplicara y se extendiera a otros ámbitos, como el familiar, la nueva estética se irá consolidando. Pero si esto no sucede, las dificultades aumentarán. Porque, siguiendo con el ejemplo cinematográfico: si los dos mejores cineastas españoles son Amenábar y Alrnodóvar: ¿qué podemos esperar del cine español como transmisor de valores familiares?

 

Una última pregunta y una última reflexión. ¿Por qué sucede esto? ¿Por qué los mejores cineastas tienen una mentalidad antifamiliar? ¿Es un capricho del destino o es que el arte está enfrentado con la familia? Creo que la solución a esta cuestión debemos buscarla en la respuesta a otra pregunta. distinta: ¿qué valor damos a la estética en la educación? ¿Es una cuestión relevante o es una asignatura secundaria, una maría con la que rellenar los tiempos muertos? ¿Tenemos suficiente sensibilidad para la estética en la educación? Porque, no los olvidemos, son los estetas -entendido este término en una acepción amplia- los que deciden la cultura. Y estetas que aprecien los valores familiares sólo surgirán de manera generosa y fluida en el seno de familias estables que den a sus hijos una educación sólida pero abierta y creativa. ¿Se trata de una asignatura pendiente? Quizá sí. En cualquier caso, es un asunto sobre el que me parece que deberíamos reflexionar a fondo. La solidez y seguridad de la formación es un gran valor, pero si se logra a costa de la creatividad, se pierde una fuerza que es hoy particularmente necesaria. Fomentar ambas cosas al mismo tiempo, no es, desde luego sencillo. La creatividad sólo puede nacer y sobrevivir en el reino de la libertad. Y fomentar la libertad parece que lleva consigo incrementar el nivel de riesgo en la educación. Pero, quizás esta correlación no sea tan clara. La libertad siempre está ahí. Y si no se concede en el tiempo de la formación y se hace compatible con esa misma formación, es posible, -es más, no es difícil encontrar ejemplos en ese sentido- que luego se vuelva contra esa misma formación. Por otra parte, la victoria solo se reserva a los audaces. Si no se fomenta la libertad y con ella se renuncia a la creatividad puede que, en el fondo, estemos favoreciendo una muerte retardada por el lento pero imparable declive de los modelos culturales favorables a los favores familiares.

 

Podemos volver de nuevo a Frodo, el héroe de El Señor de los Anillos. Su aventura le pudo costar no sólo la vida, sino caer bajo el poder del Anillo y perder su identidad, pero al final triunfó. Esa es una buena enseñanza. Sólo se puede vencer afrontado el riesgo y para crear una nueva estética de la familia habrá que pagar ese precio.

Publicado el 26/5/2017 en ARTÍCULOS

         

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